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08/26 Luz de Hopper

Edward Hopper - Puesta de sol ferroviaria

El pasado sábado por la mañana estuvimos visitando la exposición que el Museo Thyssen-Bornemitza dedica en estos días a la obra de Edward Hopper una de las figuras más relevantes del realismo de comienzos del s. XX. La exposición consta de 73 obras en las que se muestra la evolución del artista, junto con obras de aquellos pintores que han influido en la misma, como Robert Henri, George Bellows, Félix Valloton, Walter Sickert, Albert Marquet o Edgar Degas.

La exposición ocupa gran parte de la planta baja del museo, donde antes de entrar, y como curiosidad, se puede contemplar el proceso de restauración de la pintura «El Paraiso«, del maestro veneciano Tintoretto. Se organiza en un largo pasillo donde se puede observar como Hopper es un maestro en captar instantes, donde el espectador es capaz de enfatizar con la soledad interior y el momento de reflexión de los protagonistas de sus pinturas. Son reflejos de la vida cotidiana, sus punturas son ventanas a vidas ajenas, como si miraramos por una mirilla en la intimidad de los demás.

A mitad de la exposición encontramos una selección de sus grabados. Hopper trabajó gran parte de su vida como ilustrador y es patente en su obra la influencia del cine, por lo que da la sensación de estar contemplando en ellos un storyboard de un drama con tensión oculta, ambientado en la norteamérica de los años 50. Parte fundamental de esta sociedad era el espectáculo, y en esta exposición se recoge el homenaje que Hopper hace al mundo del teatro y en concreto al de los cómicos. Por un lado, espectadores que llegan a un templo silencioso y magnifico, el teatro, en la quietud que se refleja en la relación con los otros asistentes, pero del que nosotros sólo podemos ver una pequeña ventana el patio de butacas. Y por otro, la soledad del cómico, sólo en un escenario, desnudo e indefenso ante un público que nosotros no vemos, pero intuimos.

Al final de este pasillo, dos grandes salas rematan la exposición. En una, visiones de Manhattan y otros rincones urbanos, donde queda patente la relación del artista con el mundo cinematográfico. Un impresionante uso de la luz refleja perfectamente la hora del día en su obra. En la última, la luz de Hopper sobre tonos frios hace pensar en lo agridulce de la vida y la soledad en la que quedan atrapados sus personajes marchitos. Un maestro en Madrid. No os lo perdais. Hasta el 16 de septiembre!!

Podéis aprovechar para visitar la exposición permanente del museo Thyssen, que alberga una impresionante colección de pintura pre-gótica, asi como en ella se hace también, entre muchas otras, un recorrido de la pintura impresionista y vanguardias del s. XX.

Alfonso Boza

 

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